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miércoles, 30 de abril de 2014

Primero de mayo contra el trabajo [Miquel Amorós]



“Hay también, a mi parecer, algunos que no prestan un gran servicio a la sociedad por su inteligencia, pero que son robustos de cuerpo y capaces de los mayores trabajos. Trafican con las fuerzas de su cuerpo y tienen opción a un salario en dinero por ese tráfico, de donde les viene, yo creo, el nombre de mercenarios.”
    (Platón, “La República”)

No temo desvirtuar el sentido del Uno de Mayo diciendo que es una día contra el trabajo, puesto que ya desde el origen –la lucha por la jornada de ocho horas– llevaba inscrito la exigencia de una disminución del tiempo dedicado a la esclavitud asalariada, o sea, una reivindicación de tiempo libre. Libre quiere decir libre de la explotación y de la necesidad en la que aquella fingía basarse, pues la libertad a la que debe aspirar el género humano vendrá determinada por la abolición no sólo del trabajo asalariado sino de la labor empleada en la satisfacción de las necesidades físicas. El reino de la libertad suplantará al reino de la necesidad cuando el hombre se emancipe completamente del trabajo. Por consiguiente, la sociedad a la que deben aspirar los trabajadores es una sociedad no basada en el trabajo, una sociedad en la que el trabajo no sea considerado como la ocupación principal, en el que la vida no dependa absolutamente del trabajo, en fin, en la que nadie tenga que “ganarse la vida” trabajando, porque una sociedad así es incompatible con el bienestar y con la libertad. “Derecho al trabajo”…¡anda ya! Es como reivindicar la explotación; mejor exigir ¡DERECHO A NO TRABAJAR!. A la cabeza de sus aspiraciones, los trabajadores no han de colocar una consigna del estilo de “trabajar menos para que trabajen todos”, sino una mucho más escueta: “NO TRABAJAD NUNCA”.

El hecho de que vivamos en una sociedad de trabajadores, una sociedad en la que la condición de asalariado es general, en la que los mismos dirigentes llaman a su actividad trabajo, no significa que la sociedad jamás haya vivido al margen del trabajo, o que siempre el trabajo haya sido contemplado como fuente de todos los valores. Eso tiene fecha: no es sino en tiempos de la Reforma protestante cuando aparece y se extiende esa nueva mentalidad que considera al trabajo como un fin en sí mismo y aspira a vivir trabajando hasta el fin de los días, lo que casa a la perfección con el espíritu capitalista. Hablamos de fin pero la mentalidad laboriosa no distingue entre fines y medios. Vivir para trabajar, trabajar para vivir, son para ella lo mismo. El trabajo, por primera vez, da sentido a la vida. En adelante, la burguesía y los pensadores que mejor han expresado su advenimiento han considerado el trabajo como origen de la propiedad (Locke), como fuente de toda riqueza (Adam Smith), y como responsable de la propia humanización. Para Hume el trabajo había creado al hombre; el trabajo y no la Razón es lo que distinguía al hombre de los animales (idea que Marx traspasó al socialismo). Tendrían que venir las fábricas y las máquinas y destruir todo el carácter “humano” del trabajo para que las clases laborales experimentasen en carne propia el peso de la fatiga, la desesperación del trabajo esclavo y la ofensa del salario, la marca de la esclavitud a la que estaban reducidas.

En la Antigüedad el trabajo era algo despreciable, algo que degradaba a quien lo ejercía y de donde no podía salir nada honorable. Lafargue en su “Derecho a la Pereza” cita estas sabias palabras de Cicerón: “hay que mirar como algo bajo y vil el oficio de los que venden su pena y su industria, pues aquél que dé su trabajo a cambio de dinero se vende a si mismo y se coloca al nivel de los esclavos.” También lo era el afán de lucro. Entre los griegos, los artesanos, labradores, jornaleros y comerciantes no formaban parte de la ciudad aunque viviesen en ella, es decir, no tenían derechos políticos, pues según Aristóteles, “esa forma de vida es innoble y contraria a la virtud” de la cual los ciudadanos habían de abstenerse. Los espartanos tenían prohibido ejercer cualquier oficio, entre otras cosas porque absorbían el tiempo (“scholë”), necesario para las actividades cívicas. Igual sucedía entre sus contemporáneos lidios, tracios, escitas, persas y romanos. Trabajar significaba someterse a la necesidad, servidumbre humana para cuya liberación servían los esclavos. Todavía en los tiempos oscuros de la Edad Media el trabajo era considerado una actividad servil y aquellos que tenían el privilegio de no trabajar –los nobles, los hidalgos– preferían morir de hambre antes que envilecerse trabajando, como relata cómicamente la novela picaresca. Pero la situación de los obreros de entonces distaba mucho de la de ahora; la mitad de los días del año eran festivos, días de holganza.

¿Cómo ha empleado la humanidad el tiempo de forma honesta desde sus orígenes hasta el siglo XVI? Los antiguos lo distribuían entre la asamblea, el estudio, el gimnasio y la guerra. La dirección de la cosa pública y la defensa armada de su modo de vida eran la base de la ciudadanía y de la libertad. El tiempo del que tan abundantemente disfrutaban griegos y romanos era principalmente consumido en la esfera pública y en el campo de batalla, lo que no es de extrañar en una sociedad cuya finalidad era la formación de hombres libres y no la despreciable acumulación de riquezas. Hombres libres de la necesidad económica, y por tanto, del trabajo. Pero la liberación del trabajo en los antiguos era un privilegio. La libertad de una parte de la población se basaba en la esclavitud de la otra.

En nuestra época en donde la esfera privada es determinante y el trabajo es la norma, las cosas no pueden ser más diferentes. No existe la libertad, tal como la entendían los antiguos, porque no hay “ágora”, no hay vida pública. Unos estarán más explotados que otros, unos tendrán una vida mejor amueblada que otros, pero nadie es realmente libre. Todas las actividades, incluso las supuestamente públicas, son privadas (ejercicio de una profesión); todo el mundo vende algo suyo a cambio de dinero y sobrevive consumiendo; las diferencias son de grado. Lo único que varía en la esclavitud es el rango. La abolición del trabajo o simplemente una reducción drástica del mismo, para tener consecuencias liberadoras, deberá acarrear la desprivatización de la vida y en correspondencia, la revitalización del espacio público. Puesto que para tomar en sus manos sus propios asuntos, los trabajadores emancipados han de construir su propio espacio de libertad, sea a través de comunidades, consejos, asambleas, municipios libres, etc., e invertir en él su tiempo. La emancipación del trabajo se llevará a cabo mediante el regreso a la vida pública, que es algo muy diferente del regreso de la política. Porque una cosa es la disolución del poder y del Estado en la autoorganización de “las masas desheredadas y desclasadas” (que es como Bakunin prefería llamar al proletariado) y otra cosa es la reconstrucción del poder (y del Estado) mediante la política profesional y los partidos. ABOLIR EL TRABAJO PARA ABOLIR EL ESTADO.

Conservando la mentalidad de trabajador, aun habiéndose desembarazado del trabajo estaríamos en una sociedad de consumidores. Trabajo y consumo son dos etapas del mismo proceso. Una sociedad de trabajadores es una sociedad de consumidores. El consumidor es tan esclavo como el trabajador. En esta sociedad la disminución de la jornada de trabajo no significa sino el aumento proporcional del tiempo dedicado al consumo. En esa perspectiva la liberación del trabajo no es una liberación, ni siquiera parcial. Es la clave de la moderna explotación. El tiempo disponible se dispensa en actividades de ocio, sin salir de la esfera privada. El resultado es una mayor artifialización de la vida, dedicada a la satisfacción compulsiva de necesidades cada vez más artificiales. Así pues, por el consumo de masas iremos a parar al mismo lugar al que se llegó por el trabajo prolongado: al embrutecimiento, a la miseria moral y a la enfermedad. La idea de felicidad que tienen los pobres, el “coger del montón”, o el de “vacaciones en Mallorca para todos”, no constituye una expresión simple del comunismo libertario, sino del consumo sin trabas. Ver las cosas desde el ansia consumista es como verlas desde el estómago: es verlas como esclavo. Verlas como enemigo derrotado, que es lo que primeramente significaba “esclavo” en griego (“douloi”). Sin embargo, emanciparse del trabajo es emanciparse del consumo. Pasar del “montón” tanto como de Mallorca. EN LA SOCIEDAD DE LA ABUNDANCIA LO VERDADERAMENTE ABUNDANTE NO HA DE SER LA MASA DE OBJETOS DESEABLES SINO EL TERRENO DONDE EJERCITAR LA LIBERTAD.

Hablar de no trabajar resulta cómodo y fácil, pero para llegar a una sociedad sin trabajo, es decir, emancipada completamente de la necesidad, tanto la que impone la sociedad como la que impone la naturaleza, se han de revisar muchas ideas pasadas, que son un lastre y un obstáculo a eliminar. En primer lugar la convicción de que el sistema engendra junto con sus miserias las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción de la sociedad libre. La verdad es justo lo contrario: el sistema crea condiciones y formas para que dicha reconstrucción sea imposible. Empezando por la misma clase que debía capitanearla. La automatización y el progreso científico ha expulsado al trabajador desde el centro a la periferia de la producción, de forma que hoy la mayoría de los trabajadores están empleados en actividades improductivas, y la tendencia no deja de acentuarse. Una sociedad racionalmente organizada suprimiría la mayor parte de esas actividades tanto como la producción masiva. Los anarquistas fueron los primeros en señalar que una sociedad nueva no puede ser vaciada en el molde técnico de la actual y que todo lo que existe ha de sustituirse por algo más conforme con las verdaderas necesidades humanas. La apropiación de los medios de producción no podría efectuarse sino gracias a una capa social particular, la de los técnicos y científicos, que dudosamente abrazará en bloque la causa de los oprimidos. La contradicción que socava la sociedad del trabajo no radica en la oposición entre fuerzas productivas y medios de producción, pues con la autonomía de la técnica ambos conceptos tienden a ser lo mismo, sino entre la tecnología moderna y el metabolismo con la naturaleza que impone, cada vez más devastador. La tecnología no es en absoluto independiente del modo de producción capitalista. Quienes hayan creído en el lado positivo del capitalismo supuestamente representado por los “avances” técnicos se frotarán las manos pensando que el progreso de la tecnociencia ha quemado la etapa de transición al régimen comunista libertario, que la producción automatizada suprimirá el trabajo y que la máquina, esclava del hombre, le redimirá de semejante maldición. Pero las máquinas no permiten la emancipación del trabajo, pues lejos de ser una adaptación del medio natural a la voluntad del sujeto, son una adaptación del sujeto al medio artificial que ellas han creado. LAS MÁQUINAS HAN ESCLAVIZADO AL HOMBRE Y JAMÁS LO LIBERTARÁN.

Las máquinas, y más propiamente, los sistemas técnicos, las tecnologías, son modos de ordenar la sociedad y determinan el trabajo, las relaciones, el desplazamiento, el consumo, etc. de las personas. No hay tecnologías neutras; las hay que son flexibles, descentralizadoras y no agresivas, que preservan la naturaleza y facilitan la libertad, y las hay que imponen una organización social gigantesca y complicada, desarrollando jerarquías, control, organismos represivos, y demás formas de poder separado. Optar por un sistema tecnológico u otro es hacer una elección política, valga la palabra. Ni que decir tiene que en la sociedad actual son las tecnologías autoritarias, manipuladoras y anticomunitarias las que dominan. La autogestión de un sistema técnico de esa clase tendría fatales consecuencias para la libertad. Los medios de producción actuales, en lo que a técnica se refiere, no pueden transformarse en instrumentos de un trabajo libre y asociado sin experimentar fuertes cambios. Por eso el desmantelamiento razonado de los medios de producción es la condición sine qua non de la revolución emancipadora. Por eso los Estados han de disolverse en un sinfín de comunidades pequeñas. Las colectividades autogestionadas, federadas o no, abolirán primero el salario y el dinero, con lo cual se suprimirán la explotación y las diferencias de clase, y sustituirán el mercado por un intercambio solidario. Después se harán cargo de la reutilización y descentralización de los medios de producción y de la destrucción o abandono de la parte de los mismos que resulte perniciosa. Empezando por el sistema fabril y la agricultura industrial. Otros aspectos habrán de ser tenidos en cuenta por fomentar la desigualdad y la burocracia: la planificación central, la división del trabajo, la expansión urbana, etc. A mayor organización, mayores peligros. Pero la cuestión que más interesa destacar aquí es la del trabajo necesario para el mantenimiento y reproducción de la vida, la actividad productiva requerida por la satisfacción de las necesidades elementales y de aquellas que resulten del modo de vida comunitario. La carga de la vida no podrá eliminarse ni siquiera con sirvientes mecánicos; a lo sumo la harán más llevadera. Ante cualquier solución técnica habrá que calibrar siempre lo que se gana y lo que se pierde. Se puede ganar tiempo a costa de una mayor dependencia, y también lo contrario: se puede ganar independencia a costa de emplear más tiempo. Pero de todas formas puede conseguirse que el tiempo dedicado a la labor sea mínimo, distribuyéndola entre todos, especialmente entre los jóvenes, y suprimiendo las actividades consideradas prescindibles por las asambleas. Y también puede lograrse que la labor, al volverse atractiva, diversión o hobby, deje de ser considerada un esfuerzo obligatorio. Fourier, un precursor del anarquismo, inventó una “mecánica pasional” que debía transformar el trabajo en una actividad ardiente, refinada y lúdica. Pues bien, no iba desencaminado: LA ABOLICIÓN DEL TRABAJO OCURRIRÁ MEDIANTE SU CONVERSIÓN EN JUEGO.

Miguel Amorós, leído en el mitin de la CNT en Les Cotxeres de Sants, Barcelona, el 1 de mayo de 2003.

miércoles, 4 de julio de 2012

Que buenos somos los buenos con los que no tienen nada, que buenos son los ladrones con la gente despojada

El siguiente es un fragmento de un documento que la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay difundió tres días después de los hechos violentos en Yvypytâ, Curuguaty, departamento de Canindeyú y cuatro antes del Gople Parlamentario contra el Presidente Lugo.

“A lo largo del periodo post dictatorial el campesinado pobre ha sido víctima permanente de represiones, asesinatos y desapariciones, que nunca han sido debidamente investigados, ni sus responsables han sido juzgados y sancionados, ni las víctimas han sido adecuadamente reparadas. Sólo entre 1989 y 2005, el Informe Chokokue3 registra y documenta 77 casos de asesinatos y desapariciones impunes de campesinos en el marco de la lucha por la tierra en el Paraguay. La injusticia prolongada a que se ha sometido a gran parte de la población paraguaya por tanto tiempo sólo puede generar más violencia. Se requiere revisar el sistema de justicia y todo el accionar estatal para transformar este estado de cosas.

La tragedia de Yvypytâ, Curuguaty, exige profundos cambios y un compromiso irrestricto de las autoridades, de las organizaciones sociales y de toda la ciudadanía con la justicia y la garantía de los derechos humanos.

Asunción, 18 de junio de 2012”

Si esto pasa en Paraguay desde hace décadas , que curioso que la solución la tengan los históricos y sangrientos usurpadores de esa tierra... y que curioso que el progresismo adorador de las instituciones democráticas invisibilzó esto durantes décadas ¿No?... No fue "tragedia", no fue inevitable la muerte y el asesinato sistemático. Los gobiernos pasan, pero la dictadura del capital persiste.
Y a esa normalización también se resiste Paraguay, ahora mismo. A la de mirar a otro lado. Es mucho más que un cargo o de resituir "autoridad". Es sobre la vida de las personas.

"Antes con la dictadura y a hora con la libertad, somos menos que basura. Cuando el sistema se restablece, el problema desaparece"

Pánfilo Panfleto ataca de nuevo - Gatillazo.

domingo, 8 de abril de 2012

¿Existe el anarquismo autoritario? Notas sobre el conflicto en la Federacion Libertaria Argentina (FLA)

El Libertario - Año 28 - Nº69 - Verano-Otoño 2012

Mi llegada a la casa de los libertarios - por Sebastián, compañero del Bachi

Cerca del final del año 2010, animado por una incesante búsqueda que me reafirmara en lo que se conoce como movimiento anarquista, llegué un día a la Federación Libertaria Argentina. Ese día que toqué el timbre de Brasil 1551 fui recibido por Edgar. Me cuesta considerar la idea del destino, incluso la idea de la suerte, pero lejos de toda lírica metafísica, de todo concepto celestial, debo agradecer que fuera ese genial personaje el que me abrió las robustas puertas del local de la FLA, hoy cerradas a todo aquel que no cumpla los requisitos de la aberrante lógica purista de los apropiadores de espacios.
Ese día de verano Edgar me mostró fugazmente la casa de los libertarios, pasando por la librería, Amigos de la Ciencia, las bibliotecas y el salón. En esa ocasión no había conocido aun el archivo, el lugar más sorprendente de material libertario que pude conocer en mi vida.
Mi llegada a la FLA coincidió con la de una joven interesada en entrevistar a los protagonistas del proyecto educativo que se había iniciado hacia unos pocos años en la Federación. Edgar, que ejercía (y ejerce) de profesor de Química y Biología en dicho proyecto, conocido como la Escuela Libre de Constitución y que afectuosamente le llamamos Bachi, me invitó a`participar como oyente de la entrevista a realizar por la joven. También llamó a otros dos grandes protagonistas del superador proyecto: Moni y Hernán, compañeros profesores de Desarrollo Comunitario y literatura, respectivamente. En el transcurso de la improvisada entrevista, fui conociendo los detalles más interesantes del Bachi. Supe que por aquel entonces ya estaba entrando en su cuarto ciclo lectivo, que poco tiempo antes había tenido su primera camada de gresados, que no existían premios, castigos ni directores y que la orientación de la escuela era la de desarollo comunitario. Orientación que propone a los jóvenes estudiantes la posibilidad de organizar un proyecto autogestionario, horizontal y (a mi entender) propone virar la idea establecida de trabajo hacia una lógica distinta donde los estudiantes puedan explayar su creatividad y aplicarla en el marco de una organización completamente horizontal y solidaria.
Yo que había abandonado la escuela hacía varios años, en una característica desidia adolescente potenciada por un discurso “antisistema” en el que esbozaba la idea de que la escuela no era más que una institución de adoctrinamiento para la sumisión,
Noté pronto que, frente a esta alternativa que me presentaba la E.L.C. (Escuela Libre de Constitución), ese discurso se desinflaba como un globo viejo del cumpleaños de un adolescente punk, que ya estaba muy crecidito para escupir banderas al
rito de ¡No hay futuro!, en vez de participar activamente en la construcción de la insumición de nosotros, los oprimidos.
No dudé en anotarme en esta escuela libre,
no lo dudé porque realmente pude sentirme cómodo en contacto con el ámbito ameno y libertario que propiciaban estos docentes, que, lejos de proselitismos, abogan por la realización de individuos dueños de pensamientos críticos, verdaderos librepen-
adores.


Los detractores

Al poco tiempo de empezar las clases, conocí a Diego, el profe del taller de serigrafía, (uno de los muchos talleres de la E.L.C., entre los que se cuentan: teatro, tango, cocina,lectricidad, dibujo y pintura, entre otros), una persona sorprendentemente encantadora y solidaria, y un anarquista crítico, que aparte de enseñarme la técnica de serigrafía logró enseñarme que no se puede entender al anarquismo (y mucho menos a la anarquía) como una cosa perfecta, resoluta o inmaculada, sino que, por el contrario, los libertarios tenemos la tarea de desglosar y transformar nuestro ideal, encarando proyectos que posibiliten la idea de un anarquismo vivo, con militantes que interpelen la realidad, que se mueva en el fango de los excluidos, de los oprimidos y que se aleje cada vez más del anquilosamiento y decadencia en que se encuentra desde hace muchos, muchos años.
Claramente, la autocrítica anarquista es un debate que muchos no están dispuestos a dar, y que incluso son capaces de despotricar una y otra vez contra el que la plantee, pero ese debate debe dejar en claro que el anarquismo no es doctrina (o, al menos, no una sola) y que la revolución social no es un fin, sino
medios.
Para esto quiero citar a José Peirats, un militante de la CNT que combatió al fascismo franquista en la Guerra Civil Española y que, si bien en la actualidad estamos lejos de las realizaciones de aquella Revolución Social del '36, considero que sus palabras son
más que ilustrativas:
"El destino episódico de una revolución es lo de menos. Lo importante es el contenido en ideas y realiza-
ciones luminosas, constructivas, libres. Éstas sobreviven a todas las derrotas episódicas. ¿Cuando nos curaremos de la manía funeraria de “la victoria por encima de todo?” El triunfo por encima de todo, como el “renunciamos a todo menos a la victoria”,
no es revolucionario sino maquiavelismo. Es absurdo que los hombres luchen sin identificar un princi-
pio moral elevado con la victoria. El principio de “la victoria ante todo” es no tener principios. Una revolución cuyo desenlace no tenga los escrúpulos a reprimir y las víctimas a inmolar es cualquier cosa contraria a una verdadera revolución. Y, a la inver-
sa, una caída digna tras una serie de episodios fecundos, no es más que una derrota provisional. El libertario debe preferir siempre estas “derrotas” a aquellas “victorias”. José Peirats estudió en la Escuela Moderna de un ateneo racionalista de Sants, si bien a los 8 años, debido a las injusticias del sistema, tuvo que empezar a trabajar en diversos oficios.
Pese a las divergencias, de las que me fui haciendo conocedor a medida que más me empapaba de las internas de la casa, y de la hostilidad de algunos que te consideraban enemigo por tener distintas nociones y prácticas; el ambiente que se generaba en el bachi era un ambiente de un compañerismo fraterno, donde la amistad no era mala palabra sino una herramienta para vincularse con el mundo.


La adversidad


Lamentablemente, una cosa que descubrí en el local de Brasil 1551: es que el maquiavelismo es algo que resuena en la conciencia de algunos, o mejor dicho, el maquiavelismo actúa en el lugar donde algunos tenemos la conciencia.
Así fue como llegado el momento propicio para la acción desmedida y aberrante, los apóstoles del purismo ácrata, traicionando todo principio libertario, complotaron, cambiaron la cerradura y se atrincheraron en el local prohibiendo la entrada a quienes no
cumplan con los requisitos de una moral que ni siquiera ellos son capaces de sustentar.
Pese a la adversidad, la Escuela Libre de Constitución seguirá construyendo, activando en unos de los tantos barrios marginales de Buenos Aires, haciendo la tarea superlativa de posibilitarles a los estudiantes el contacto con la solidaridad, la fraternidad y la
igualdad como principios inviolables.
En un reportaje a Murray Bookchin, se le pregunta sobre “el aggiornamiento del anarquismo” con tono
de autocrítica, a lo que él responde:
"El anarquismo tiene que ser capaz de hacer la “política” y formar una organización de nuevo o va a devenir en un tipo de boutique, a terminar como un elemento bohemio o en un culto a la personalidad en donde se trata de satisfacer los propios deseos. Entonces el anarquismo se volverá una parte de la industria del éxtasis (no tengo nada contra el éxtasis, me encanta el éxtasis... se ríe).
El anarquismo tiene que hablarle a la gente de nuevo, no sólo a nosotros mismos. Se tiene que capacitar para la política de nuestro círculo para afuera.
Considero que estas palabras elocuentes delinean certeramente las prácticas que llevamos a cabo todos los compañeros que quedamos afuera del local de Brasil, los compañeros de la Federación Libertaria Ar-
gentina.



¿Existe el anarquismo autoritario? - por el grupo Archivo-BAEL


Durante más de una década y media el grupo de afinidad que se formó en torno al archivo de la FLA ha desplegado un trabajo constante. Ese trabajo no sólo consistió en el ordenamiento, la clasificación, la catalogación, la digitalización y la atención de todos
aquellos que se acercaron a consultar el material, sino en un ejercicio de refle-
xión sobre la forma de llevar adelante la tarea.
Lejos de establecerse como funcionarios que administran los papeles l@s compañer@s pensaron, discutieron y trataron de desplegar prácticas que pueden entenderse dentro del anarquismo Social, Autónomo y Federado. Las primeras reflexiones sobre estas experiencias salieron editadas en el folleto El trabajo cultural del anarquismo1 del año 2007. Más tarde, a fines de 2010, un pequeño tríptico definía y bregaba por lograr un tipo de trabajo y organización afín a esos princi-
pios: ¿Cómo nos organizamos los anarquistas?2
Ahora bien, el grupo de Archivo-BAEL, durante mucho tiempo, escribió diversos artículos en El Libertario que rondaron la temática específica de los documentos, los libros y la histórica del anarquismo. No se habían conjugado todavía las circunstancias para hablar de la actualidad del movimiento, para llegar a un examen que pudiera aportar, desde la parcialidad, a la comprensión de su estado actual, de sus potencialidades y sus carencias.
Tal vez el trabajo cotidiano, la militancia diaria, el quehacer específico en el archivo y el crecimiento constante del grupo de compañer@s nos concentró en las tareas necesarias para lograr resultados concretos y preservar ese gran tesoro de la memoria ácrata, que es el Archivo de la FLA. Nos concentramos también en tener una atención abierta a tod@s los que quisieran acceder a la consulta, sin distinción de gru pos o personas, con el fin de propagar las ideas y que sean cantera de aportes para las luchas actuales.
Despegados de las grandes teorías y de los esquemas fastuosos de organización, no por considerarlos innecesarios, esperamos que estos desplegaran su potencial en el momento oportuno. Es decir, renegamos de anteponerlos a nuestra práctica libertaria3, porque sospechábamos que si lo hacíamos se convertirían en dogmas estériles. Pero lo que más nos alejaba de este proceder era la imagen de aquellos, que al hacerlo, comenzaban a transformarse en verdaderos autoritarios. Lo paradójico de la situación es que identificábamos esas prácticas en aquellos que militaban en partidos políticos, socialdemócratas o marxistas.
Con el tiempo comenzamos a ver que también sucedía en las filas de los
que decían llamarse anarquistas.


2001. Revuelta y crecimiento

El estallido social producido en diciembre de 2001, y las jornadas siguientes, nos encontraron en las calles. Concurríamos como todos los viernes, hasta la actualidad, a reunirnos en el archivo. Pero esa concurrencia era sólo en un lugar de encuentro para salir de inmediato hacia la Plaza de Mayo entonando cantos libertarios. El estallido fue eso, un estallido que nadie preveía, aunque luego corrieron ríos de tinta presagiando lo sucedido.
Los que estuvieron recordarán que el 19 y 20 de diciembre fue un momento clave, pero que las jornadas se suce- dieron durante meses en marchas y concentraciones hacia la Plaza.
Lo cierto es que la sensación de espontaneidad en las calles nos conducía, el espíritu de insurrección contra todo lo establecido nos transportaba, las barricadas en las esquinas nos daban esperanzas y allí estábamos, circulando, marchando, aspirando gases lacrimógenos.
Pero todo no era sólo insurrección sino que también había creación. Creación producida por la espontaneidad de la necesidad, por la ruptura de los esquemas pútridos de un sistema que mostraba ser inútil y perverso: fábricas recuperadas, asambleas barriales, trueque, movimientos de desocupados y proyectos autogestivos, se perfilaban como un escenario nuevo donde se percibía algo de libertario.
Nosotros ahí, viendo, aprendiendo, tratando de aportar algo, nunca conduciendo, debido a nuestra poca capacidad numérica, a nuestro asombro, pero sobre todo porque no queríamos ser conductores de nadie.
El nuevo escenario repercutió en todos lados y como era lógico en la FLA también. La casa de la FLA, casi vacía en décadas anteriores, sostenida con gran esfuerzo por viejos compañeros que ya no están, comienza a llenarse de actividades: grupo de
merendero callejero, grupo de apoyo escolar, crece la cantidad de compañer@s en el archivo y las bibliotecas, aparecen grupos de jóvenes que arman pequeñas agrupaciones, teatro, cine, presentaciones de libros, ediciones, la Escuela Libre de Constitución y un largo etcétera. Durante una década se iba produciendo un crecimiento aluvional que insuflaba de ganas, de creaciones y de proyectos.
Pero a la par también se sucedía algo de confusión, de errores, de ensayos fallidos. Todo aquello que compone el aprendizaje de la nueva militancia, de las nuevas generaciones que nos acercamos al mundo libertario, y de las un poco más viejas (no mucho), sobrepasadas por las circunstancias y sin una experiencia real, ya que los verdaderos militantes habían muerto poco antes sin poder transmitirnos sus vivencias de cuando la Federación funcionaba como una Federación.
¿Cuántos de los que nos acercamos sabíamos qué era el anarquismo Social, Autónomo y Federado? ¿Cuántos de los que estaban sabían que la FLA fue uno de los propiciadores de la creación de la IFA? ¿Cuántos saben que la IFA tiene una clara forma de entender el anarquismo que se distancia de las posturas insurreccionalistas y del plataformismo?
Todo lo anterior se fue aprendiendo en el camino, en discusiones, en congresos, sintiendo la afinidad con algunos y las diferencias con otros, articulando, rearmando los lazos federativos.
Hasta que vino el Golpe. Artero, traicionero, ruin. Algunos de afuera dicen que ya lo presagiaban, que era lógico. Otros no lo pueden creer, a nosotros nos cuesta. Alfredo Zitarrosa cantaba “Dice mi padre que un solo traidor puede con mil valientes”.
Sobre lo segundo no vamos a exagerar, pero sobre lo primero será la historia la que juzgue, si no hay autocrítica y arrepentimiento.
Aquí no vamos a juzgar si los insurreccionalista y plataformistas son autoritarios. Sabemos que los primeros dicen que los segundos son estalinistas, y a la inversa, que sufren de infantilismo político y que joden mal. Lo que sí juzgamos son los hechos, las prácticas y las circunstancias reales. Sobre eso no hay dudas. No nos importan los “ismos” y, como dijimos varias veces, conocemos a personas valiosas en todas las corrientes. Lo que no podemos aceptar es que se rompa un criterio esencial del mundo libertario. Desde Bakunin, hasta Kropotkin, pasando por todos los referentes que conocemos, no hay relativización en las prácticas libertarias. Aquello que nos diferencia de los partidos políticos es que nuestros medios deben ajustarse a nuestros fines, no hay atajos para llegar al mundo que queremos construir, quienes utilizan métodos antiasamblearios, quienes aplican la autoridad y la violencia sobre sus pares, quienes aplican la dictadura de los “buenos objetivos”, sólo llegarán a ser dictadores, sólo puede llamárselos
“autoritarios”.


Notas:

1. El folleto puede bajarse en http://federacionlibertaria.org/archivo-folletos.html. También salió en Anarchist Studies, 2007 y Revista Germinal del mismo año.

2. Puede bajarse en http://federacionlibertaria.org/archivo-actualidad.debate.html

3. En El trabajo cultural del anarquismo definimos nuestra forma de funcionamiento libertaria. Renegar del abuso de las grandes teorías no implica renunciar a los principios libertarios, sino entender que la teoría se alimenta de la práctica y resulta útil si tiene su relación dialéctica con ella.


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Invasión, traición y propiedad - nota editorial

por la Asamblea Permanente de Agrupaciones de la FLA nota editorial



Nos resulta doloroso y vergonzoso dedicar la Editorial de El Libertario a este tema. Lamentablemente no podemos evitarlo. No sólo porque la situación afecta en forma terminante al 90% de las agrupaciones y actividades que se realizan en la FLA (Capital), sino porque constituye un acto de autoritarismo y de traición en el que tod@s l@s que trabajamos por un mundo libre y sin dominación deberíamos tomar nota, sacar conclusiones e intentar hacer algo.
Esta es la realidad que nos rodea. Pensamos que es un grave error encerrarnos en consignas puristas, pintarnos de negro y
creer que todo lo que está afuera es lo impuro a combatir. El autoritarismo, la dominación, la constitución del poder, nos permea tod@s. Quienes no seamos capaces de ser autocríticos y de pensarnos diariamente en nuestras prácticas, tenemos mayor posibi-
lidad de reproducir lo peor que genera el sistema en el que vivimos, y luego ocultarlo en consig-
nas dogmáticas que autojustifiquen las acciones.
Los hechos se sucedieron de la siguiente manera:

- El jueves 22/12 se realizó la reunión de Consejo de la FLA co- mo todas las semanas. En esa reu- nión se encontraban presentes
todos los grupos que trabajan en la casa de la Federación Libertaria Argentina. El grupo Difusión Anarquista propuso la realización de un Plenario General para marzo de 2012. Fue aprobado.

- El viernes 23/12 compañeros de varias agrupaciones se acercaron a la Casa FLA para realizar las actividades que siempre desarrollaban. Un grupo de personas había cambiado la cerradura del local e impidió el paso a todas las agrupaciones. Pasaron un comunicado por debajo de la puerta justificando la actitud. En el interior quedó un grupo minoritario de la casa con apoyo externo de otro sector ajeno.

- El lunes 26/12 se realizó una asamblea de todos los grupos de la FLA que fueron dejados afuera, en una plaza a dos cuadras del local. Durante la asamblea un grupo de aproximadamente 30 individuos vestidos de negro y uno de remera celeste se acercó con palos, cadenas, manoplas y botellas para romper la asamblea. En la asamblea cabe destacar que había niños y jóvenes que participan de las actividades de los grupos (merendero, apoyo escolar y Escuela Libre de Constitución). En el grupo atacante se pudieron identificar personas ajenas a la FLA y pertenecientes a otras corrientes del anarquismo. Pudo evitarse el enfrentamiento. La asamblea se constituyó en Asamblea Permanente de
Agrupaciones de la FLA.

- El jueves 29/12 se formó una mesa de diálogo con varios grupos del mundo libertario de Buenos Aires que no pertenecen a la FLA precupados por el tenor que iban tomando los acontecimientos. La Asamblea Permanente de Agrupaciones de la FLA participó de la mesa de diálogo con un delegado por cada agrupación. La parte invasora fue invitada especialmente pero no se presentó, ni envió comunicado (ver
links al final de este artículo).

- La Asamblea Permanente de Agrupaciones de la FLA comenzó a funcionar regularmente, con reuniones de delegados y asambleas generales todas las semanas. Se encaró principalmente el trabajo de difusión debido a las calumnia que se infundían para justificar la “invasión”: reuniones con grupos, envío de información, sitio Web. Se acordó evitar la violencia para la recuperación del local de la FLA.

Pero ¿cómo logra el 10% concretar este hecho ante una abrumadora mayoría? La respuesta es compleja por un lado y muy simple por otro.
Tenemos que reconocer que cometimos errores importantes en el funcionamiento de la Federación. Uno de ellos, y que atañe a este conflicto, consiste en haber permitido que determinadas funciones se perpetúen en el tiempo, casi como funciones vitalicias. La confianza y la poca cantidad de militantes en décadas anteriores, pueden ayudar a entender este error. Hace décadas que no se realiza un Plenario Nacional, como tampoco existe un Secretariado Nacional. La sede de la FLA llegó a funcionar, por momentos, casi como una “familia”. La perpetuación en las funciones sabemos que no sólo otorga poder a quien la ejerce sino que también genera mecanismos de conciencia que le permiten considerarse imprescindible en relación al resto. Inevitablemente, junto a
esto, se tejen sentimientos propietaristas en relación al local de la FLA, que se justifican con un discurso apoyado en la defensa de la “tradición y la seguridad”. Nos referimos a que la Secretaría de Finanzas estuvo a cargo de una sola persona durante más de 15 años, hasta el momento de la “invasión” y lo mismo sucede con la vivienda, que está en la sede, utilizada por la “casera-portera” (quien sostiene la ocupación) durante ese mismo lapso.
Todo esto se había planteado debatirlo en el Plenario convocado para marzo de 2012 (en reunión de Consejo del 22/12/2011). Pero también existe una razón simple. Esta consiste en que un grupo externo, con apoyo en otras expresiones del anarquismo, distantes a la FLA y su correlación la IFA, prestó el apoyo y la preparación para lograr esta especie de “invasión”. Esto lo corrobo-
ramos al ver que el apoyo físico y la fuerza de choque mayoritaria provienen de personas que no trabajaron en la FLA, y que inclu-
so tienen opiniones históricamente difamatorias hacia la
Federación. Ante este escenario nuestra conclusión sobre la situación consistió en calificarla de “invasión” de otra corriente del anarquismo; pero unida a un acto de “traición” y de “totalitarismo” por parte de un pequeño grupo, que al no poder imponerse por consenso ni por mayoría en las reuniones de Consejo, buscó la alianza externa para ejercer uno de los actos más repudiables en el mundo libertario: “el desconocimiento de la asamblea y el arrogarse autoridad para imponer su postura a la fuerza, por ejercicio del poder”.
Al grupo externo le decimos: nosotros no tenemos enemigos en otras visiones del anarquismo. Conocemos a compañer@s valio-
sos en todos los sectores. No se presten a la ignominia de la traición y el autoritarismo.
A quienes no han trabajado asiduamente en la FLA, pero se acercaron ante esta situación les pedimos: infórmense, tal vez tengamos diferencias en los métodos y hasta ideológicas, debido a nuestro anarquismo social, autónomo y fede-
rado1, pero nunca se puede avalar la ruptura esencial de las prácticas anarquistas: la horizontalidad y el combate contra las prácticas autoritarias.
Y al pequeño grupo restante...: que se ponga el saco que le corresponda… Todavía estamos afuera del local. La FLA, la
Federación, se encuentra en este momento en la calle, activando como siempre, en el camino de la libertad y contra toda forma de opresión.


Asamblea Permanente de Agrupaciones de la
FLA:

- Agrupación Difusión Anarquista Buenos Aires
- Agrupación Merendero Callejero
- Agrupación Archivo-BAEL (Biblioteca-Archi-
vo de Estudios Libertarios)
- Agrupación Apoyo Escolar
- Agrupación CIESoL (Centro de Investigación
y Estudios Sociales Libertarios)
- Escuela Libre de Constitución (ELC)
- Grupo Editorial


http://federacionlibertaria.org



Nota:

1. Sobre esta definición se puede ver el excelente folleto que editó Taller A, en base al trabajo de A-INFOS Uruguay Nº 23.

Links al informe de la Mesa de Diálogo:

http://es.scribd.com/search?query=http%3A%2F%2Fes.scribd.com%2Fdoc%2F77440577

http://federacionlibertaria.org/Asamblea%20Permanente.html

Fuente: http://argentina.indymedia.org/news/2012/04/811783.php

viernes, 27 de enero de 2012

Reflexiones sin titulo (Fragmento)

"En una verdadera democracia, cualquiera
puede expresar las opiniones que quiera, incluídas
las mas críticas. Tambien los anarquistas, si hacen
política honestamente, pueden contribuir con un
poder respetuoso con los derechos humanos."
(Antonio Marini, uno de los responsables de lo que
se ha llamado "Monataje Marini", prcoceso judicial
fabricado para encarcelar anarquistas en Italia)

No quiero la igualdad que me ofrecen sus leyes, ni Organizaciones No Gubernamentales que se preocupan mas por la violación a los derechos humanos, que las violaciones a las personas mismas, como si de un problema legal se tratase. Nuestra libertad no es un regalo divino, ni un premio de la ONU por haber nacido en el mundo occidental, nuestra libertad es algo natural, no un derecho. L@s autoritari@s se han tomado el atrevimiento de
otorgarnos derechos, esto puede suceder solo en una sociedad de control continuo, donde a nuestras necesidades le llamaron "derechos" para luego pedirnos que cumplamos "deberes".
Me da lo mismo si se viola o no un artículo de la Constitución Nacional, no me interesa la igualdad "ante la ley y ante dios", me interesa que sucede con las personas.
No quiero su paz social, la paz de los cementerios, su paz que quisiera significar "ausencia de guerra", "ausencia de guerra aparente" mejor dicho, porque en guerra estamos. Y quizás no la guerra de clases que algun@s revolucionari@s quisieran, la guerra de l@s ric@s contra pobres existe, es innegable, pero ¿y de l@s pobres hacia
l@s ric@s qué? Aveces pareciera que solo servidumbre.
Y bueno... asi es la democracia, aunque much@s ilus@s digan que esto es una "falsa
democrácia", esto es la democracia, no se que pretenden de este orden social ¿Libertad? No, LIBERTAD nunca, pueden tener "libertad de expresión", "libertad de comercio" y demás parcialidades y basura, pero libertad nunca. Somos anti-democratic@s pero eso no nos convierte en simpatizantes de la dictadura militar, como estar en
contra de los partidos de izquierda no nos convierte en simpatizantes de partidos de derecha.
¿Intolerante? Claro que sí, ya no estamos cansad@s, estamos hart@s de sufrir este órden de las cosas.

Aparecido en la Publicación DISARMO # 9

En rojo: "Propaga la anarquía". Debajo, en azul: "No me digas que hacer!!"

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Playlis Programa # 202 (06-12-11) sobre bombas al poder y vidas estalladas. Y link para descargarlo


Todos Contra Todos - La Ravachole
(Vivo, Mar del plata, Club Boca. 1989)
EnlaceLos Estómagos - Somos Armas
Mal Pasar - Punto Final
Cicatriz - Cuidado Burócratas
Sin Dios - Unas flores con sorpresa
IV Reich - Una Bala Para Ti
La Polla Records
- Quiero Ver
- Violencia
Suicidal Tendencies - I Shot The Devil
Fun People - One Day, Like Wilckens

Se escucharon también palabras de Chrisitian Ferrer, Osvaldo Bayer y fragmentos del
documental “Los anarquistas expropiadores en el Río de la Plata”

Dounlod

Cicatriz - Cuidado Burócratas

lunes, 24 de agosto de 2009

Mi Anarquismo - Rafael Barret


Me basta el sentido etimológico: "ausencia de gobierno". Hay que destruir el espíritu de autoridad y el prestigio de las leyes. Eso es todo.

Será la obra del libre examen.

Los ignorantes se figuran que anarquía es desorden y que sin gobierno la sociedad se convertirá siempre en el caos. No conciben otro orden que el orden exteriormente impuesto por el terror de las armas.

Pero si se fijaran en la evolución de la ciencia, por ejemplo, verían de qué modo a medida que disminuía el espíritu de autoridad, se extendieron y afianzaron nuestros conocimientos. Cuando Galileo, dejando caer de lo alto de una torre objetos de diferente densidad, mostró que la velocidad de caída no dependía de sus masas, puesto que llegaban a la vez al suelo, los testigos de tan concluyente experiencia se negaron a aceptarla, porque no estaba de acuerdo con lo que decía Aristóteles. Aristóteles era el gobierno científico; su libro era la ley. Había otros legisladores: San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Anselmo. ¿Y qué ha quedado de su dominación? El recuerdo de un estorbo. Sabemos muy bien que la verdad se funda solamente en los hechos. Ningún sabio, por ilustre que sea, presentará hoy su autoridad como un argumento; ninguno pretenderá imponer sus ideas por el terror. El que descubre se limita a describir su experiencia, para que todos repitan y verifiquen lo que él hizo. ¿Y esto qué es? El libre examen, base de nuestra prosperidad intelectual. La ciencia moderna es grande por ser esencialmente anárquica. ¿Y quién será el loco que la tache de desordenada y caótica?

La prosperidad social exige iguales condiciones.

El anarquismo, tal como lo entiendo, se reduce al libre examen político.

Hace falta curarnos del respeto a la ley. La ley no es respetable. Es el obstáculo a todo progreso real. Es una noción que es preciso abolir.

Las leyes y las constituciones que por la violencia gobiernan a los pueblos son falsas. No son hijas del estudio y del común asenso de los hombres. Son hijas de una minoría bárbara, que se apoderó de la fuerza bruta para satisfacer su codicia y su crueldad.

Tal vez los fenómenos sociales obedezcan a leyes profundas. Nuestra sociología está aún en la infancia, y no las conoce. Es indudable que nos conviene investigarlas, y que si logramos esclarecerlas nos serán inmensamente útiles. Pero aunque las poseyéramos, jamás las erigiríamos en Código ni en sistema de gobierno. ¿Para qué? Si en efecto son leyes naturales, se cumplirán por sí solas, queramos o no. Los astrónomos no ordenan a los astros. Nuestro único papel será el de testigos.

Es evidente que las leyes escritas no se parecen, ni por el forro, a las leyes naturales. ¡Valiente majestad la de esos pergaminos viejos que cualquier revolución quema en la plaza pública aventando las cenizas para siempre! Una ley que necesita del gendarme usurpa el nombre de ley. No es tal ley: es una mentira odiosa.

¡Y qué gendarmes! Para comprender hasta qué punto son nuestras leyes contrarias a la índole de las cosas, al genio de la humanidad, es suficiente contemplar los armamentos colosales, mayores y mayores cada día, la mole de fuerza bruta que los gobiernos amontonan para poder existir, para poder aguantar algunos minutos más el empuje invisible de las almas.

Las nueve décimas partes de la población terrestre, gracias a las leyes escritas, están degeneradas por la miseria. No hay que echar mano de mucha sociología, cuando se piensa en las maravillosas aptitudes asimiladoras y creadoras de los niños de las razas más inferiores, para apreciar la monstruosa locura de ese derroche de energía humana. ¡La ley patea los vientres de las madres!

Estamos dentro de la ley como el pie chino dentro del borceguí, corno el baobab dentro del tiesto japonés. ¡Somos enanos voluntarios!

¡Y se teme el caos si nos desembarazamos del borceguí, si rompemos el tiesto y nos plantamos en plena tierra, con la inmensidad por delante! ¿Qué importan las formas futuras? La realidad las revelará. Estemos ciertos de que serán bellas y nobles, como las del árbol libre.

Que nuestro ideal sea el más alto. No seamos prácticos. No intentemos mejorar la ley, sustituir un borceguí por otro. Cuanto más inaccesible aparezca el ideal, tanto mejor. Las estrellas guían al navegante. Apuntemos enseguida al lejano término. Así señalaremos el camino más corto. Y antes venceremos.

¿Qué hacer? Educarnos y educar. Todo se resume en el libre examen. ¡Que nuestros niños examinen la ley y la desprecien!


Publicado en La Rebelión, Asunción, el 15 de marzo de 1909.