jueves, 8 de noviembre de 2012

¿Y si están tan segurxs con quién van a estar?


            No creemos que un número seguido de una letra, encierre en sí un cambio estructural en la vida de la gente. Letras y números que no reflejan más que alguna vieja imposición social.
De todas formas no nos parece mal reafirmar ciertas ideas e impresiones previo a uno de estos montajes. Se prevé que el 8 de noviembre se realicen, en diferentes lugares, manifestaciones mas o menos organizadas por grupos no del todo identificados aunque si bien conocidos, para agitar el avispero de la codiciada “opinión pública”, en este caso contra el gobierno de turno.
Sinceramente no nos oponemos, por principios, a que la gente se manifieste. Diga lo que piensa, salga, haga una marcha, un fogón, una huelga general o un graffiti. Luego, claro, está en cada uno de nosotrxs, tener la suficiente agudeza  de  saber interpretar esas expresiones y actuar en consecuencia. Mucha más agudeza aún si se trata de manifestaciones como las del denominado 8N, en la que las consignas se pierden en la nebulosa de la hipocresía y dónde lo estético ocupa un lugar mucho más protagónico que lo ético.
Pero ¿A que referimos con ser agudos en el análisis y en la crítica más allá de vivir esto como un duelo de hinchadas? A que si un “X” dice que este gobierno es nazi, fascista, autoritario, limita las libertades y otras cosas no necesariamente está cuestionando todo ello. Es más, nos animamos a afirmar que el 100% de quienes adhieren a esta manifestación se cagan en la libertad y creen fervorosamente en la necesidad de la existencia de gobernantes que decidan por ellxs, de la prensa para que hable por ellxs y de  intelectuales que piensen por ellxs. De ahí para el lado que quieran no tenemos nada que ver con unx solx de lxs ñatxs que salgan a hacer de “manifestantes” el día 8. Todo ello sin contar las conocidas adhesiones de sectores abiertamente nazis.
Sin embargo,  habría que ser cuidadoso con eso también, porque, como ocurrió con los cacerolazos de septiembre, los sectores que se pararon voluntariamente –y no tanto- en frente de estas protestas encasillaron a quienes formaron parte de las mismas únicamente como “chetxs”, “señoras de recoleta y san isidro” o de “derecha”. Sin duda que estos sectores rancios estaban, están y estarán. Pero también resalta la tensión que se produce cuando se quiere minimizar la situación a un simple escenario que enfrenta a dos bloques compactos de  “oprimidxs” y “opresorxs” de “ricxs” y “pobres”, de “izquierda” y derecha”. Todo ello existe, sin dudas, pero a la hora de decir lo que piensan, quienes son incluidos en estos grupos supuestamente homogéneos exponen que la cosa es mucho más compleja.
No eran todos de la Unión Industrial, vecinxs de las lomas de San Isidro, ni del partido de Biondini los que fueron a la marcha de Blumberg a pedir mano dura y cárcel a lxs pibxs. Tampoco estaban reclutadxs por Cecilia Pando los vecinos de Lugano, laburantes en su mayoría,  que pedían bala contra los inmigrantes durante la toma del Indoamericano, cuando no reeditar la vieja Ley de Residencia de de Falcón y Miguel Cané. Eran “Argentinos”, responden al unísono. Excusa nefasta y hueca. Eran trabajadores, como decíamos. Y probablemente les cueste llegar a fin de mes ¿Entonces? Muchxs de ellas irán a esta marcha. Porque hay que pertenecer y no perder status. Si no soy clase media, anhelo serlo. Así que no vengan con que la revolución esta a la vuelta de la esquina, muy a nuestro pesar. Si no cuéntenme que pasó del 2001 hasta ahora.
Queda expuesto entonces, al menos para nosotrxs, que esta bolsa de gatxs que se manifestará hoy y que incluye gente que repudia a lxs pobres, pobres que repudian a los pobres pero quieren ser como su patrón, progres con la panza llena, represorxs y demás criaturas, apesta.
Pero tranquilxs. No apestan porque están en contra de tu presidenta favorita. Estxs personajes podemos encontrarlos al lado tuyo, en ese bando imaginario que te creaste para creer que tenés opinión política. A quienes creen en el mal menor, les decimos que esta cosita de hablar del odio pero mirar para otro lado cuando se chupa a lxs pibxs que no quieren afanar para la cana o que revuelven en la basura, cuando se mata a mujeres pobres en abortos clandestinos, cuando se desaparece mujeres  para hacerlas esclavas sexuales con la veña de la casta política, o cuando se balea al que levanta la voz contra la patronal, no los deja bien paradxs. Acá no hay veredas, no hay oposiciones. El monopolio más grande lo tienen la élite política, empresarial y demás yerbas y se llama Estado. Es el monopolio de tenernos a todxs amaestradxs, en mayor o menor medida. Y contra ese monopolio no hay ley. No hay 7D.
La farsa consiste en que estos dos supuestos bandos en pugna coinciden en algo fundamental para que todo esto siga funcionando: La creencia de que debe existir un gobierno que rija nuestras vidas y las de las demás. La convicción de  que las jerarquías son necesarias. Que no te chupen y te torturen más es lo mínimo que podemos desear. Pero que no curra en masa no nos hace libres. Nos hace conformistas. Y sos un conformista, no sos libre. Sos un alcahuete. Y vos, kirchnerista y vos, antikirchnerista quieren gobiernos, policías, jueces, verdugos, empresarios, capitalismo. Lo quieren porque de alguna forma u otra es la manera en que mantenemos nuestros pobres privilegios. Y ningunx de los que proteste mañana con toda su furia y lxs que se den por aludidxs por tales protesta, corre riesgo. Porque ni con este ni con otro gobierno, sus privilegios fueron puestos a prueba.
Entre gente que quiere ser gobernada y seguir siendo obediente, no tenemos nada que elegir.
Y después del 8N y el 7D y la letra y el número que quieran, cada unx de ellxs, se levantarán a la mañana para que cada cosa siga en su lugar.

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